La descripción del escenario (2)

20 09 2009

1-Realidad Evidente

2-Realidad Oculta

3-El Cosmos

La Realidad Evidente está construida sobre varios pilares –socialmente bien aceptados por consenso-, comenzando por la Santísima Trinidad: Religión, Comercio, Política… En el último artículo hablamos del ámbito religioso. Hoy echaremos un vistazo a los demás elementos que componen la realidad evidente, y nos introduciremos en la Realidad Oculta.

*Comercio: Parece el templo lleno de comerciantes. En el paradigma terrestre prima lo comercial. Hay un espacio que ilustra bien esta primacía: Medicina. El premio Nobel de Medicina (1993), Richard J. Roberts, dice textualmente:

La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital. Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos, y millones de seres humanos. Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos. He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad… Porque las farmacéuticas a menudo, no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle el dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento. Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino para cronificar dolencias con medicamentos cronificadotes mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo. (Lluis Amiguet, La Vanguardia, 31/7/07)

Un hombre no vale por lo que es, sino por lo que posee, sea fortuna, fama o apellido. Habitamos un mundo donde el dinero negro, producto de la sangre de otros, es guardado en una docena de paraísos fiscales. Según el ‘Fondo Monetario Internacional’, allí se esconde, evitando pagar impuestos, una cuarta parte de la riqueza privada mundial. Se trata de la trampa de la ley, amparada por los gobiernos occidentales, que guardan silencio.

Poco hemos evolucionado si creemos que es admisible y digno de admiración que el planeta esté en manos de una pequeña oligarquía que acumula las riquezas suficientes como para acabar con la deuda de los países pobres. El formato de un planeta dividido entre naciones desarrolladas y naciones en desarrollo o subdesarrollo, no conduce a un paradigma con posibilidades reales de equilibrarse. No. El esquema de división no es fortuito, como podría parecer, sino consecuente y compensatorio: existen países en donde el consumismo alcanza un grado tal que las necesidades son artificiales, prediseñadas para captar futuros nuevos consumidores, como consecuencia de que existen países esquilmados.

*Cultura: Las tradiciones, casi siempre con lejano origen religioso, son socialmente aceptadas, aunque muchas de ellas no sean sino espectáculos crueles (España es sobresaliente en esto), o síntomas evidentes de analfabetismo espiritual, tales como el folclore religioso que se escenifica año tras año. Largo entretenimiento (con información residual subliminal), noticias breves. Los medios de comunicación son meros repetidores que difunden la información que conviene al poder. Por ejemplo: en las guerras (desde la de Iraq), las agencias de noticias son las que informan, ya que cada vez hay menos reporteros de guerra. El propósito es sustentar la ignorancia, condicionando –poco a poco- el comportamiento de las masas. Los medios de comunicación son otro ámbito de la fe: el informador trajeado sustituye al sacerdote, y transmite –tan brevemente como le sea posible- lo que ocurre ahí afuera, eso sí, todo trufado con fútbol para ellos y moda para ellas.

El perverso uso del lenguaje se traduce en que palabras como conspiración, antisistema, rebelde, etc, sean términos con los que el común de los mortales no querría sentirse vinculado. El mecanismo mediante el cual se da forma a las mentiras diseñadas para ofuscar la mente, distraerla y atarla al paradigma de bajas vibraciones imperante en esta dimensión es el siguiente:

La esencia-carga emocional que conforma las mentiras es digerida por los receptores poco curtidos ante las maniobras de intoxicación sutil, cuyo propósito es hacer descender energéticamente al individuo receptor a densos niveles, donde la actividad mental es la propia del esclavo. Esa esencia o carga emocional que va oculta dentro de una imagen, mensaje, canción, película, lectura, etc, porta semilla de temor (por poner un ejemplo, aunque debe extenderse a todas las bajas emociones) que se incrusta en la mente del receptor, amplificando su potencia: el temor se expande en todas las reflexiones y decisiones del individuo infectado. El objetivo a lograr es paralizar al aterrorizado receptor (interrumpiendo los lazos de confianza entre el ser cósmico y el cuerpo que habita), forzándolo a reaccionar sometido a los básicos instintos de supervivencia, irreflexivamente. Toda información dirigida, como si de un misil se tratara, hacia nuestro intelecto, se divide en:

A) un continente. De apariencia formal, atractivo, que lo haga pasar desapercibido, el continente debe adormilar los sentidos más críticos de la mente, para que no se le deniegue el acceso. Ejemplos perfectos de continente-evoltura perfecto es cualquiera de los documentales de Canal Historia sobre esoterismo. Discovery Channel tiene uno sobre extraterrestres y conspiraciones que es magistral a la hora de inocular en el espectador la conclusión intelectual y emocional opuesta a la que los entrevistados sugieren. Es decir, por obra y gracia del caudal de imágenes del documental, los testimonios de los entrevistados acaban neutralizados, quedando en el espectador la sensación de que sus experiencias son ridículas, propias de un desequilibrado.

B) un contenido. Puro veneno, aunque difícil de advertir por las mentes poco reflexivas. Es precisamente lo que hemos descrito arriba. El espectador, oyente, lector, cree que accede a una información, a un debate, a un documental serio, pero gracias a las técnicas apropiadas (a través del continente), la información, el debate, han sido descargados de su carga emocional positiva-evolutiva-instructiva, por lo que el receptor no será emocional/intelectualmente estimulado a decantarse por su evolución. Se le ha inoculado la basura informativa que lo mantiene o empuja a bajos niveles vibratorios.

Como decíamos, toda información dirigida -como un misil- hacia nuestro intelecto, va energéticamente cargada para producir un efecto paralizante, para detonar el temor en el receptor. Huelga decir que esa información, en tanto que basada en el miedo, es intrínsecamente involucionista.

*Política: Patriotismo, pomposa (y pueril) retórica política, monarquía, veneración al líder observado como un padre bondadoso e insustituible. Dirigentes que, en muchos casos, son criminales. En cuanto a la política, decir que –evidentemente- bebe de la religión cuando imita y adapta esta estructura y se empeña en imponerla. Más aún, la política al uso en democracia, con sus mítines, su imaginería, su afán de ganar apoyos por medio de la estética sugestiva, sus infantiles ataques al contrario, no es sino un burdo derivado de las artes que el sacerdocio ha usado desde hace miles de años. El 12 de septiembre de 2001, desde el Despacho Oval, George W. Bush comenzaba su ‘Guerra contra el Terrorismo’, a través de un discurso con una alusión religiosa de carácter bélico incluida: ‘Como dice el Salmo 23: Cuando camino por el valle de la sombra de la muerte, no temo mal alguno; porque Tú estás conmigo’. Se siente apadrinado por su dios. Sólo dos días después, en la Catedral Nacional de Washington, el presidente norteamericano insiste: ‘Debemos librar al mundo del Mal. (…) Como se nos ha asegurado, ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni los poderes, ni el presente ni el futuro, ni las alturas ni las profundidades podrán separarnos del amor de Dios. ¡Que Dios bendiga a América!’. Cuando Ahmedineyad, presidente de Irán, reta al mundo, conforta a los suyos en la espera de su propio mesías… Como lo fue antes, lo previsible será el enfrentamiento entre los cachorros de ambos dioses. Las falsas divinidades se resistirán a salir al ruedo; estarán en la mente de los combatientes. Ese es su espacio. Ni siquiera los líderes van a la guerra; tampoco sus hijos. A la guerra siempre fueron y siempre irán, los muertos de hambre, los adoctrinados en extremo, los agradecidos hijos de la patria. ¿No es, acaso, fe lo que mueve a los líderes a creerse respaldados cuando ponen al mundo frente al abismo? ¿No es la fe que en esos líderes tienen sus compatriotas y aliados, la que los hace sentirse más respaldados aún? La obediencia como sustituta del conocimiento es el factor estrella sobre el cual se levanta el analfabetismo espiritual. Una obediencia que no sólo se exige en el terreno religioso, también en el político: feroces dictaduras ateas de culto a la personalidad del divinizado líder, con sus coloristas desfiles y demás parafernalia para los sentidos. El sagrado texto religioso es sustituido por el sagrado manifiesto; el altar, por el selecto buró dirigente; Dios Padre, por el Padre de la patria, el salvador. Pero las víctimas propiciatorias siguen siendo las mismas: nosotros, el pueblo. La realidad más evidente, la que en primera instancia debiera preocuparnos, es que el mundo está en manos de una pandilla de psicópatas. Estos enfermos mentales que gobiernan países como si se tratase de ranchos particulares, toman decisiones en función de sus intereses, de sus prejuicios, de sus aspiraciones. Y cuando usamos el adjetivo posesivo sus, no me refiero sólo a los líderes que dan la cara, sino a todo el verdadero poder que se esconde tras ellos.

Hermanadas a la política y la economía está el terreno militar. Tal vez os sorprenda saber que no hay un tratado sobre el comercio de armas. Es grave, pero más lo es que ese mercado no se haya suprimido ya. Eso sí, las bocas de los dirigentes mundiales se llenan de elocuentes expresiones de paz, respeto, justicia, etc.

Mucho se puede especular sobre quiénes son los capataces y patrones físicos del orden establecido. Muchos dirían que más allá del poder económico en la sombra hay una estirpe de hombres y mujeres que son plenamente conscientes de su vínculo con ciertos seres transdimensionales. Sobre esa base, los hombres en el poder oculto son una manifestación física, una personificación, una consecuencia del origen que nos debiera preocupar. No luchamos contra ellos –simples privilegiados-, sino contra quienes manejan sus hilos y –a través de ellos- los de todos. El origen de la Realidad Evidente proviene de la Realidad Oculta:

2- La Realidad Oculta

Antes de hablar sobre las características que conforman la Realidad Oculta, debemos decir que –comúnmente- hay dos modos de enfocar lo que ocurre más allá de la materia, más allá del mundo físico.

A)   Están los que defienden que tras la cortina sólo está Dios Omnipotente.

B)    Luego tenemos a los no creyentes, que consideran que más allá de la cortina está la nada, y que no existe continuidad.

A decir verdad, hay una perspectiva que no es nada nueva (posiblemente casa con la visión que tenían los gnósticos) que es la que explica y complementa a la que aquí vamos a desarrollar. Esa perspectiva nos dice que, más allá de la cortina, hay una guerra, un conflicto milenario de la cual nuestra dimensión, nuestro mundo, es un espejo, un tablero de ajedrez a gran escala. Para comenzar la ilustración sobre este asunto empecemos con unas reveladoras palabras del libro La Rebelión de los Brujos:

‘Nuestra civilización, como toda civilización, es un complot. Numerosas divinidades minúsculas, cuyo poder sólo proviene de nuestro consentimiento en no discutirlas, desvían nuestra mirada del rostro fantástico de la realidad. El complot tiende a ocultarnos que hay otro mundo en el mundo en que vivimos, y otro hombre en el hombre que somos. Habría que romper el pacto, hacerse bárbaro. Y, ante todo, ser realista. Es decir, partir del principio de que la realidad es desconocida’. (L. Pauwels y J. Bergier)

La Realidad Oculta entraña el conocimiento de toda una serie de manifestaciones que van más allá de lo estrictamente humano: la incidencia de lo cósmico sobre esta dimensión. Esa incidencia se divide en dos: la participación del cosmos energético-evolucionario sobre nuestro mundo, y la injerencia de inteligencias involucionistas sobre la humanidad. Esa injerencia se concreta en términos de hostilidad no evidente.

La Realidad Oculta es el extremo-origen que da forma a la Realidad Evidente, el extremo-consecuencia.             Es el equilibrado estudio de ambas realidades, el que nos servirá para comprender el despertar de la Vida-Conciencia en nuestras vidas físicas.

Consiguientemente, se precisa voluntad para identificar las fuentes que influyen (condicionamiento)  sobre nuestra psique e inspiran la actitud frente a la vida que más conviene a esos supuestos seres hostiles. Y con ello, cerrar las vías (descondicionamiento) que provocan el acceso a nuestra vida de las fuerzas involutivas.

Cuando antes hablábamos sobre la necesidad de asumir que la realidad nos es desconocida, y que existían fenómenos que habían sido excluidos de la composición de la realidad, nos referíamos, precisamente, a esto, a no apartar del estudio intelectual los fenómenos que conforman la punta del iceberg de la Realidad Oculta. Los indicios y evidencias muestran a seres tecnológicamente más evolucionados que el humano, pero con una conducta que revela inmovilismo respecto a la evolución. Diríamos que sólo piensan en sí mismos, y observan la realidad sin objetividad, viendo sólo lo que desean ver. Podríamos decir que su naturaleza la conocemos a través de sus engañados, sus seguidores inconscientes, sus víctimas. Seres en servicio a sí mismos (SAS, como son definidos por los ya mencionados ‘casiopeos’), lo que se traduce en egoísmo humano. Resumiendo, podríamos identificar su naturaleza con la de nuestro cerebro reptil, aunque más sofisticado. La concepción que de la materia tenemos parte de ellos. Se trataría de una versión vulgar, perecedera, a la que –sin embargo- se le otorga un valor egocéntrico.

Pero no podemos hablar de la Realidad Oculta y, al mismo tiempo, caer en aquello que aquí tratamos de advertir. No podemos aplicar la visión simplista a un asunto tan complejo. Así que lo primero que hemos de decir es que la naturaleza de la Realidad Oculta es múltiple. Es más que posible que en este punto del cosmos, por razones que desconocemos, se concentran variados seres con muy distintos intereses. Sería un grandísimo error si nos aventurasemos a decir que todo lo que se nos muestra con sigilo es de un origen transdimensional. O que las motivaciones de todas esas criaturas son malévolas. Tengamos en consideración que también existen seres en servicio a otros (SAO, en el diccionario casiopeo), que también se relacionan con la humanidad.

Dicho esto, veamos qué sabemos –procedente del pasado y del presente- de esos seres que sí debieran preocuparnos, y que intervienen –hasta hoy- sobre el derivar de la humanidad. Tenemos indicios culturales del intervencionismo: Numerosas tradiciones, alrededor de todo el globo terrestre, nos hablan de intervencionismo cósmico. En Egipto vemos a la serpiente como un icono protector en las cabezas de los faraones. En la cultura maya tenemos a Qutzalcoatl. En Génesis es una serpiente quien provoca la caída en desgracia del ser humano. Y los conocemos a través de múltiples nombres: Imanujela (Los señores que han venido. Muy similar a Emmanuel, que en hebreo significa El señor –Dios- está con nosotros), Zuswazi (Etnia Bambara, oeste África), Imbulu (Sudáfrica), Chitauri (Lengua bantú, hemisferio sur africano. Los que dictan la ley. Dioses lagarto, forma cambiante), Arconte (gnosticismo cristiano), Ikuyas (Amazonía). Los Dogones (Mali) los consideraban dioses instructores bajados de Sirio, dioses vampiros.

En el contexto religioso, en la lejana Sumeria, enclavada en Mesopotamia, tenemos un ejemplo muy claro de contacto. El libro de Enoc, texto apócrifo judío anterior a la era cristiana, nos dice que unos entes sobrehumanos violaron ciertas leyes y se acostaron con humanas. La narración, en su capítulo sexto, cuenta cómo los hijos del cielo se decidieron a tener sexo con las mujeres, engendrándoles hijos, que serían llamados Anakim. Esos hijos del cielo también son nombrados como Los Vigilantes; de hecho, Shumer, nombre original de Sumeria, significa Tierra de Los Vigilantes. Aunque pudiera pensarse que se trata de una mención aislada sobre intervencionismo cósmico, en el bíblico libro Génesis (capítulo sexto), se describe el mismo acto, protagonizado por los hijos de dios, que engendraron hijos que se convirtieron en señores para una humanidad de vasallos. De la cultura sumeria partirán los mitos de la creación del mundo, las jerarquías celestiales, la Caída del hombre, y el Diluvio Universal, todos ellos recogidos en la Torah hebrea y en la posterior Biblia cristiana. En El Libro de Enoc se responsabiliza a cierto grupo de Vigilantes del fracaso de una misión cósmica de progreso. ¿Vigilaban estos el proceso de evolución del primitivo ser humano, creado por los Elohim? Lo cierto es que en Génesis los trasgresores son identificados como Elohim (dioses). Puede que dicho término englobe a ambas criaturas, las co-creadoras y las trasgresoras, aunque cada una de ellas pudiera ser de una escala evolutiva y naturaleza diferente. Enoc cuenta que la trasgresión de las serpientes-Vigilantes es de naturaleza sexual. La narración de dicha unión desigual (Vigilante-Humana) aparece en Génesis 6,1-4; en El Libro de Enoc encontraremos el mismo relato en 6,1-4. Entendemos, pues, que la manzana ofertada por la serpiente, la intervención de estos entes físicos sobre el proyecto de evolución de los Elohim, consistía en mantener relaciones sexuales desiguales. Esto viene confirmado por esta declaración: ‘Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal’ (Génesis 3,5).

En términos más humanos: ‘Eva, querida, si te acuestas conmigo compartirás la misma condición de dios que yo tengo, y la conciencia que aun tienen que aportarte los Elohim que te crearon, sobra’.

Shumer proviene de shum, también escrito shem, palabra que aparece unas ochocientas veces en el Antiguo Testamento y de la que deriva el término semita, que hace referencia a los diversos pueblos de Oriente que tienen las mismas raíces lingüísticas y culturales. Así que tenemos que para los sumerios unos seres cósmicos, los Vigilantes, tomaron para sí a mujeres humanas engendrándoles hijos que, ya en la cultura hebrea, serían llamados anakim. Estos anakim (vocablo muy similar a Caín) también suelen ser identificados con los nephilim (los caídos), seres bíblicos de considerable estatura, cómo no, también nacidos del cruce entre ángeles rebeldes y humanas.

Estos anakim-caín son quienes acabarían creando la piramidal estructura monárquico-religiosa que llega hasta nuestros días. Esas elites que han sobrevivido aludiendo a su entroncamiento con los dioses. La historia nos habla de unas civilizaciones terrestres que, si bien alcanzan un alto nivel técnico, mantienen hasta el presente un patrón insuperado: no se desarrolla en ellas una conciencia madura que libere al ser humano del atavismo y el orden piramidal.

Entre las motivaciones que habrían llevado a esos ‘diseñadores’ a crear una estructura (sostenida en dos pilares: tendencia al materialismo, y sustitución de la espiritualidad por el mito religioso) claramente opresiva, tenemos la razón alimenticia. Credo Mutwa, anciano Zulú que habla sobre la cultura de su pueblo, nos cuenta que unos seres lagartos (Chitauri) vinieron desde fuera de la tierra hace miles de años. Seres metamórficos (capacidad para cambiar su forma, su cuerpo, incluso a la apariencia humana) que se unieron sexualmente a las mujeres zulúes, creándose así la casta de los sacerdotes-jefe tribu. Estos seres, según Mutwa, están enfrentados al cosmos evolucionario, y se alimentan inhalando la energía generada por el miedo. Siempre trataron al humano como esclavo.

Los seres humanos manufacturamos productos cuyas materias primas otros animales comen directamente; así será comprensible que otros seres cuya forma de manifestación sea más sutil, se alimente de una manera diferente, más sofisticadas que las nuestras.

¿Sería posible que, a niveles imperceptibles para nuestro torpe entendimiento, la energía liberada violentamente en muertes a sangre fría, tuviese un gran valor para entes energéticos? El dolor que se vive en nuestro cerebro, ¿puede traducirse en algún tipo de energía mental provechosa para esos dioses? Según Mutwa, los grises (por él llamados mantindanes) son sirvientes de los chitauri. En este punto, coincide con los cassiopeos de Laura Knight-Jadczyk, quienes afirman que los grises son creaciones cibergenéticas de los reptiloides. Al respecto de los entes reptiles, la canalizadora tiene una opinión interesante: ‘Las lagartijas (del inglés Lizzies), es un término corto y coloquial para referirse a aquellos habitantes teóricos de las realidades hiperdimensionales, cuya “esencia” se “lee” como si fuera reptiliana. Muchos estudiantes en el tema de los ovnis/extraterrestres tienden a ver a la supuesta raza hiperdimensional reptiliana como seres físicos igual que los seres humanos, y no, tal como sugerimos nosotros, como criaturas hiperdimensionales con propiedades físicas variables (…) Muchos físicos sugieren que todo lo que existen son “formas de ondas”, que nosotros somos formas de onda de la realidad, y que nuestra consciencia “lee ondas”. Dicen que los seres humanos atribuimos una forma y estructura a las ondas que “leemos”, basados en un cierto tipo de convención de común acuerdo. Es así como algunos habitantes del espacio hiperdimensional son “leídos” en mayor o menor grado como “reptilianos”, porque esa es la “esencia” de su ser, la frecuencia de su “forma de onda” (La Onda – Tomo I, pág. 248-9).

En teoría, esos seres sobrehumanos nos dividen y empujan a enfrentarnos. Nosotros llamamos a ese esfuerzo ‘guerra’, y se trata de uno de los grandes negocios, si no el más floreciente. Su utilidad está fuera de toda duda, como herramienta para generar dinero, para menoscabar las fuerzas del rival (enfrentándole a un tercero), etc. Avivar oscuramente las diferencias entre vecinos, etnias, confesiones diferentes, ha sido uno de los macabros elementos más usados por el poder, hasta nuestros días. El país que hostiga se convierte en la mano en la penumbra, induciendo a un conflicto entre otros, siempre sin dejarse ver en la escena político-militar, pasando desapercibido. De ese modo tan siniestro se logra arruinar la economía de sociedades que podrían llegar a hacer sombra al poder omnívoro que esquilma los recursos ajenos. Un aspecto poco evidente respecto de las oportunidades que las guerras ofrecen -en esta ocasión, exclusivamente para los entes que están en el otro lado- es la capacidad demoledora de los conflictos armados sobre la cultura de una sociedad. Cuando un pueblo está ocupado en destruir al contrario, no sólo se producen muertes evitables, sino que se incuban odios que muy difícilmente podrán ser sanados sino con más sangre derramada. Entretanto, la sociedad en cuestión, como alimento de los dioses, se consume –generación tras generación- sin poder salir de la tediosa y destructiva espiral de asolar, construir, asolar.

Regresando a la hipótesis que nos habla del intervencionismo de entes que se ‘alimentan’ de las energías humanas, lo fácil para nosotros sería indicar que la motivación alimenticia de esos seres hacia nosotros, proviene de una mera cuestión de orden biológico, en el que el ganado come pasto, nosotros al ganado y, a su vez, otros nos comen como su ganado que somos. No se puede reducir todo a una mera cuestión de subsistencia cósmica, como si la realidad cósmica fuera un mar revuelto y caótico en el que el pez grande se come al pez chico. Esa sería una buena escapatoria que reduce notablemente el conflicto. Eso sería una limitación. Entendemos que debe existir alguna otra justificación, y alguna otra forma de justificar el que unos seres retrógrados nos mantengan bajo su control. Como cuerpos somos proclives a la ignorancia; como seres habitando cada vez más estos vehículos corpóreos, nos acercamos a casa, a nuestro hogar, a nuestro discernimiento original. Tal vez, sólo tal vez, todo este drama -que algunos llaman juego- lleve implícita una lección a aprender que olvidamos cuando elegimos tomar cuerpo y rendirnos a la ilusión de la materia y sus embriagadoras sensaciones.

Puede que luchar contra el Sistema de Control no sea sino una manera plástica de representar la lucha entre los seres (nosotros) que no debieron aprisionarse en un cuerpo de carne y sangre, y su monstruosa creación (el Sistema). Tal vez, si nosotros fuéramos (y actuáramos) como en origen fuimos, los llamados arcontes no estarían aprovechándose de nuestro libre albedrío. Porque mientras sigamos eligiendo ignorancia (y sus múltiples derivados) en vez de consciencia, nuestro silencio les otorga el derecho a meter mano en nuestras vidas. Quien calla, ya se sabe, otorga.

¿Podríamos estar hablando –retomemos las imágenes de peces que se comen unos a otros– de decisiones involucionistas que tomamos tiempo atrás y olvidamos, y nos hicieron perder el estatus e interrumpir el camino ascendente? Pareciera que, inconscientemente, estamos hablando de un proceso de recuperación, de restitución, de retomar un camino interrumpido voluntariamente eones atrás. ¿Podría ser que cuando hablamos de expandir la conciencia, nos estemos –inconscientemente- refiriendo a un número determinado de supuestas almas que sí tuvieron un rol determinante en la densificación de las almas y su atrape en la materia? ¿Puede eso explicar que hayamos elegido posiciones relativamente cómodas para desarrollar nuestra agenda? ¿Somos Ulises que eligen tomar cuerpo fuera de Ítaca para, realizando el esfuerzo propio de quien desea regresar al hogar, arrastrar con nosotros a todos aquellos que tenían menos responsabilidades y, consecuentemente, están en posiciones de clara desventaja? ¿Es la tripulación ‘decapitada’ que sigue al héroes, la personificación de todas las energías que conforman la estirpe de su ser?

No tenemos las respuestas a tantas preguntas, pero el solo hecho de plantear las cuestiones, estamos seguros, generará el caldo de cultivo apropiado para controvertir la realidad aparente y acercarnos a la conciencia.

Fuente: starviewer

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20 09 2009
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