Bienaventurados los gansos

22 09 2009

¿Han oído eso? Bienaventurados los gansos.

¿Los gansos?

¡Si! Por lo visto van a heredar la tierra”

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Todo lo que hay que pensar es en el trabajo interno.

Sin embargo y a pesar de la aparente simpleza del cometido, constantemente nos encontramos mirando hacia donde es más fácil: hacia afuera.
A pesar de repetir de un lado a otro que hay que trabajar internamente limpiando y sanando nuestras propias oscuridades, para así, repercutir positivamente en la totalidad, no lo hacemos.
Es comprensible, dado que es más fácil seguir a alguien que nos dice que ha recibido algún mensaje o información y que todos debemos colaborar en ello.
Pero lo cierto es que, al hacerlo caemos nuevamente en el trabajo exterior dejando de lado nuestro trabajo interno y, seguimos participando de la tan mal afamada –a estas alturas- dualidad.
He aquí el gran secreto: para salir de la dualidad hay que trascenderla. Y trascenderla no es, de manera alguna, negarla.
Negar la dualidad… es simplemente, cruzar la calle para caminar por la vereda opuesta.
El camino es personal… y personal es, personal. Casi podría decir que solitario. No porque debamos ir y sentarnos solos a meditar en la punta de algún cerro, sino porque debemos comprometernos a trabajar en nuestro interior… y ese es un lugar donde solo una persona puede entrar: nosotros mismos.
Quiero que se planteen que, alabar a seres de luz que están en otras dimensiones es tal vez, una ilusión más.
Muchos han empezado a creer que porque somos espirituales, hemos “despertado” a la conciencia y “salido” de la dualidad ya no debemos ocuparnos de las cuestiones terrenales. Como si todo lo “humano” fuera negativo.
Eso y tirar todo lo que hemos aprendido como humanidad en siglos y siglos de historia… es lo mismo.
¿Cuál es el trabajo entonces? El primer trabajo que debemos hacer es revisar nuestras creencias. Revisarlas una por una y decidir cuales nos sirven en la actualidad y cuales ya no.
Revisar las creencias implica ver cuáles están favoreciendo nuestro desarrollo y cuáles no. Y entonces, simplemente, reemplazar por nuevas creencias aquellas que ya no nos aportan nada bueno. De nada sirve aferrarse a algo que ya no necesitamos.
Luego hay que estar atento, porque las viejas conexiones neuronales demoran algún tiempo en desaparecer y ser reemplazadas por nuevas. Esto significa que las viejas creencias aparecerán cada tanto para intentar “dominarnos” como antes.
Cuando cambiamos nuestras creencias, reemplazándolas por otras más positivas y funcionales a nuestras necesidades presentes lo que estamos haciendo es un aporte a que la sociedad toda, o lo que llamamos inconsciente colectivo cambie y reemplace sus creencias por otras más positivas y funcionales. Es por ello que debemos trabajar, en primera instancia sobre nosotros mismos.
Hemos aprendido, durante cientos de años, que la realidad está ahí afuera, que hay opresores y oprimidos y que hay que luchar para conseguir cualquier cosa que deseemos porque sino, seremos parte de los más oprimidos de todos.
Hoy, la física cuántica nos enseña que la realidad no está, simplemente, ahí afuera. De hecho, nos dice que está realmente aquí adentro y que, lo que vemos suceder fuera es resultado de lo que nos ocurre dentro.
Siguiendo con este ejemplo, si antes decíamos que había opresores y oprimidos… hoy podríamos considerar que dentro de nosotros mismos hay algo que nos oprime y algo que oprime. Hay algo, dentro de nosotros, que gusta de decir constantemente “esto no se hace” y algo que se siente constantemente, víctima de aquello que desearía pero no se atreve a hacer.
A eso yo le llamo creencias limitantes, y es lo que debemos cambiar. Porque cuando dejemos de permitirles a esas creencias que nos opriman, repriman, controlen y obliguen a obedecer… dejaremos de ser oprimidos, opresores, reprimidos, controlados y obedientes.
Dejaremos de serlo porque dejaremos de permitirlo, seremos capaces de poner en duda cada cosa que nos dicen, podremos recuperar nuestro verdadero poder… y dejaremos de esperar que “alguien” –sea quien sea; Dios, Cristo, el papa, un político, un maestro, algún ser ascendido o de otra dimensión – nos diga qué está bien y qué está mal.
¿Cuántas veces hemos permitido que alguien nos “muestre” lo que sucede? ¿Cuántas veces hemos cuestionado lo que nos dicen o lo que nos dice nuestra mente?
Piensa. Recuerda.
¿Cuántas veces nos quedamos “firmes” en nuestras creencias sin dudar ni un instante, y hasta molestándonos porque alguien no pensaba igual? ¿Cuántas veces defendimos a nuestro país, territorio, hogar, como algo sin lo cual no pudieramos vivir, como determinante de nuestra identidad?
Otra pregunta: ¿Cuántas veces hemos permitido que alguien o algo esté por encima de nosotros? ¿Cuántas jerarquías respetamos? ¿A cuántas cosas, personas o situaciones obedecemos –o seguimos – sin cuestionar?
¿Cuántos rituales seguimos sin pensar en su verdadera naturaleza? ¿Cuánto hemos hecho sin cuestionar su origen o finalidad?
¿Cuántas cosas de las que hacemos, evitan que trabajemos en nuestro interior y nos hacen caer en la ilusión de que lo estamos haciendo?
Hay que pensar, cuestionar, dudar. Hay que animarse a crear el propio sistema de creencias, la propia realidad.
Si no lo hacemos, simplemente estamos cambiando el respeto, la devoción, la obediencia y hasta el miedo que tradicionalmente teníamos hacia las viejas estructuras de poder… por otras a las que consideramos “nuevas”.  Y seguimos delegando nuestro poder a otros…
Quiero decir que, si se trata de recuperar nuestro poder, el poder  que cada uno de nosotros tiene como conjunto de átomos al igual que tantos otros que existen en el universo, ese poder que nos permite moldear la realidad y atraer todos los átomos que vibran en nuestra misma frecuencia, guiados por nuestra propia mente consciente… estamos hablando de que somos, cada uno de nosotros, el mismísimo Dios… o mejor dicho, una parte de él.
Y si lo somos, ¿por qué necesitamos alabar a Dioses externos, ángeles, maestros que se encuentran en alguna dimensión superior o a aquellos que nos dicen lo que deseamos escuchar?
Parece que, al día de hoy, el ser humano hubiera perdido importancia para algunos. Entonces, lo que diga, piense o cuestione un ser humano normal, como yo, como vos, como todos… es poco importante o “no es de luz” y sólo lo que dicen aquellos que se supone reciben mensajes de seres de otras dimensiones, es importante. ¿Es eso recuperar el poder?
Si sabemos que el poder solo podemos recuperarlo cuando recuperemos autonomía personal, sobre cada uno de nosotros, ¿para qué seguir dando el poder?
No quiero decir que no escuchemos a nadie y nos encerremos, como dije antes, a meditar en la punta de un cerro o en un búnker antinuclear. Lo que quiero decir es que cuestionemos un poco más. Quiero decir que, aquello que recibimos no siempre es bueno para mí, pero puede ser perfecto para vos y viceversa. No porque yo diga algo voy a tener razón siempre.
Cuando hablamos de recuperar el poder, hablamos de la posibilidad de elegir: elegir que creer y qué crear, conscientemente.
He ahí la elevación de la conciencia. En dejar de pensar que esto es malo para mí y por ello es malo para todos. En dejar de sufrir por lo que nos ocurre y empezar a averiguar qué nos está enseñando.

No existe una nueva consciencia, lo que existe es nuestra consciencia entendiendo nuevos aspectos. Y si no comenzamos a entenderlos, a abrirnos y esforzarnos por dejar de lado aquello que ya no nos sirve ni le sirve a nadie… seguiremos en “esta consciencia”.
A veces es duro mirarse y descubrir que no somos ni perfectos, ni elevados, y que seguimos repitiendo aquello que creímos haber superado. Pero es un proceso… si fuera mágico, no nos permitiría evolucionar. Es el sentido de la vida. Y es un juego.
Y además, es un juego que se renueva permanentemente. Porque cuando limpias tus creencias, pasado un tiempo descubres que debes volver a revisarlas. Eso lo hace, inclusive, divertido.
Una vez que logramos reemplazar a nuestro cerebro reactivo cuidadosamente instalado desde que somos pequeños desde las diferentes facciones de la sociedad, por un cerebro proactivo, que sirva a nuestra forma de pensar y ser en la actualidad, lo que debemos hacer es actuar.
He aquí el paso más difícil: tomar acción.
Muchos hemos caído en la ilusión de salir a pelear contra las cosas… y otra vez estamos reaccionando y fortaleciendo aquello que no nos sirve ni queremos.
Lo que, desde mi humilde opinión, debemos hacer por la sociedad –y no contra ella – es ayudarle a hacerse preguntas. Es ayudar a que cada día, más personas puedan revisar sus creencias y comiencen a recuperar su poder de crear y de creer lo que quieran creer – que puedan crear aquello que quieran creer –. Así de simple y sencillo.

Porque así estamos realmente ayudando a crear una sociedad nueva, proactiva, que deje de dar el poder a políticos, religiones, gurús, etc.
Quiero decir, que cuando hablamos de ayudar al Planeta Tierra, hablamos de ayudar a sus habitantes –humanos y no humanos – a evolucionar hacia otro nivel de consciencia. En definitiva, lo que implica, es aprender a vivir aquí y ahora de una nueva manera. Sin esperar que el gobierno, el papa o quien sea nos de algo… sino ir a buscarlo nosotros mismos.
Dejemos de creer que no somos capaces de hacer nada. Eso es continuar delegando el poder. Porque mientras esperamos que el gobierno –el de cualquier lugar – le de algo a los pobres, a los discapacitados, a los que sufrieron una catástrofe, a los que están solos, a los que están desempleados, a nosotros…  -y  que ciertamente ya debemos saber que no tienen la más mínima intención de hacerlo – la gente se sigue muriendo y nosotros lo seguimos permitiendo por el simple y sencillo hecho de ESPERAR.
El futuro nunca llega, dice una conocida frase… y es cierto.
Dejemos de esperar y hagamos lo posible por reparar nuestras contaminadas mentes que permanentemente son bombardeadas con mentiras y manipulaciones… y comencemos a actuar para recuperar nuestro poder y ayudarle a otros a lograrlo, independientemente de las elecciones que hagan.

*El título se inspira en una frase de la película “La Vida de Brian”, una excelente obra del humor y una maravillosa crítica a todas las estructuras de poder en quienes depositamos, una y otra vez, aquel poder que es sólo nuestro.
Fuente:sindamel.wordpress.com