Planeta Matriz 1 – Escucha a las PIEDRAS!!

18 03 2011

La piedras son la base firme de la Tierra, en la cual toda vida material encuentra el soporte perfecto para manifestarse y permanecer vivo como cuerpo de manifestación para las diferentes  posibilidades de expresión de la conciencia.

Cuerpos de manifestación de conciencias

Las piedras son los cuerpos de manifestación de conciencias que proceden de la Constelación de Orión. Estas conciencias necesitan cuerpos estables para poder mantener el equilibrio de las polaridades en

positivo + = negativo – = punto 0

(fluctuando rápidamente de un polo a otro para permanecer siempre en punto cero 0), han encontrado en  estas aleaciones minerales el medio perfecto para residir.

El tamaño, la composición, la posición geográfica, son particularidades específicas que determinan el cuerpo perfecto según la procedencia espacio-tiempo del grupo al que pertenecen.

Al ser este planeta una biblioteca viviente que contiene todas las razas primigenias de las manifestadas en el corredor galáctico del cual forma parte, se establece que las piedras, son el soporte común a todas los cuerpos de manifestación materiales creados por la mente, constituyendo el vínculo de unión perfecto.

la conciencia alojada en una piedra con forma de corazón ayuda a establecerse en nuevas residencias a seres de conciencia cuando cambian de dimensión.La composición y la forma definen la profesionalidad, por ejemplo: la conciencia alojada en una piedra con forma de corazón ayuda a establecerse en nuevas residencias a seres de conciencia cuando cambian de dimensión.

Nuestros conciencia se está reconfigurando, en nuestro tubo YO SOY se están ejecutando o activando, filamentos o programas de 5º dimensión, por lo tanto nuestro cuerpo físico necesita adaptarse a la nueva frecuencia que emite la conciencia ejecutada. Esta adaptación es en realidad una re-configuración de la geometría física, cambios físicos que necesitan producirse, la residencia debe adaptarse a la vibración de la conciencia que está alojando. Esta adaptación del cuerpo físico a la nueva frecuencia produce molestias y malestar.

Si nos sentimos alterados, ansiosos, tristes, angustiados…. sentémonos en una gran piedra,( si es tres veces nuestro tamaño se produce más rápido el efecto) y hagamos amistad con los médicos del cielo que tienen sus conciencias alojadas en las piedras, a través de la empatía nos extienden su estado equilibrado, nos equilibran! Escuchamos la CALMA…!!!

Es por eso que si sintonizamos radio piedra, sintonizamos el punto cero, la frecuencia que emite la música de la CALMA

Jennifer Guer.

Creatividad para Ser





Las Hadas y los Reinos Devicos

2 12 2009

Tragica historia de una realidad olvidada. Los reinos devicos son todos los llamados espiritus elementales de la naturaleza, hasta ahora no reconocidos ni integrados por la humanidad, aunque latentes a un nivel inconsciente.





La descripción del escenario (2)

20 09 2009

1-Realidad Evidente

2-Realidad Oculta

3-El Cosmos

La Realidad Evidente está construida sobre varios pilares –socialmente bien aceptados por consenso-, comenzando por la Santísima Trinidad: Religión, Comercio, Política… En el último artículo hablamos del ámbito religioso. Hoy echaremos un vistazo a los demás elementos que componen la realidad evidente, y nos introduciremos en la Realidad Oculta.

*Comercio: Parece el templo lleno de comerciantes. En el paradigma terrestre prima lo comercial. Hay un espacio que ilustra bien esta primacía: Medicina. El premio Nobel de Medicina (1993), Richard J. Roberts, dice textualmente:

La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital. Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos, y millones de seres humanos. Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos. He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad… Porque las farmacéuticas a menudo, no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle el dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento. Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino para cronificar dolencias con medicamentos cronificadotes mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo. (Lluis Amiguet, La Vanguardia, 31/7/07)

Un hombre no vale por lo que es, sino por lo que posee, sea fortuna, fama o apellido. Habitamos un mundo donde el dinero negro, producto de la sangre de otros, es guardado en una docena de paraísos fiscales. Según el ‘Fondo Monetario Internacional’, allí se esconde, evitando pagar impuestos, una cuarta parte de la riqueza privada mundial. Se trata de la trampa de la ley, amparada por los gobiernos occidentales, que guardan silencio.

Poco hemos evolucionado si creemos que es admisible y digno de admiración que el planeta esté en manos de una pequeña oligarquía que acumula las riquezas suficientes como para acabar con la deuda de los países pobres. El formato de un planeta dividido entre naciones desarrolladas y naciones en desarrollo o subdesarrollo, no conduce a un paradigma con posibilidades reales de equilibrarse. No. El esquema de división no es fortuito, como podría parecer, sino consecuente y compensatorio: existen países en donde el consumismo alcanza un grado tal que las necesidades son artificiales, prediseñadas para captar futuros nuevos consumidores, como consecuencia de que existen países esquilmados.

*Cultura: Las tradiciones, casi siempre con lejano origen religioso, son socialmente aceptadas, aunque muchas de ellas no sean sino espectáculos crueles (España es sobresaliente en esto), o síntomas evidentes de analfabetismo espiritual, tales como el folclore religioso que se escenifica año tras año. Largo entretenimiento (con información residual subliminal), noticias breves. Los medios de comunicación son meros repetidores que difunden la información que conviene al poder. Por ejemplo: en las guerras (desde la de Iraq), las agencias de noticias son las que informan, ya que cada vez hay menos reporteros de guerra. El propósito es sustentar la ignorancia, condicionando –poco a poco- el comportamiento de las masas. Los medios de comunicación son otro ámbito de la fe: el informador trajeado sustituye al sacerdote, y transmite –tan brevemente como le sea posible- lo que ocurre ahí afuera, eso sí, todo trufado con fútbol para ellos y moda para ellas.

El perverso uso del lenguaje se traduce en que palabras como conspiración, antisistema, rebelde, etc, sean términos con los que el común de los mortales no querría sentirse vinculado. El mecanismo mediante el cual se da forma a las mentiras diseñadas para ofuscar la mente, distraerla y atarla al paradigma de bajas vibraciones imperante en esta dimensión es el siguiente:

La esencia-carga emocional que conforma las mentiras es digerida por los receptores poco curtidos ante las maniobras de intoxicación sutil, cuyo propósito es hacer descender energéticamente al individuo receptor a densos niveles, donde la actividad mental es la propia del esclavo. Esa esencia o carga emocional que va oculta dentro de una imagen, mensaje, canción, película, lectura, etc, porta semilla de temor (por poner un ejemplo, aunque debe extenderse a todas las bajas emociones) que se incrusta en la mente del receptor, amplificando su potencia: el temor se expande en todas las reflexiones y decisiones del individuo infectado. El objetivo a lograr es paralizar al aterrorizado receptor (interrumpiendo los lazos de confianza entre el ser cósmico y el cuerpo que habita), forzándolo a reaccionar sometido a los básicos instintos de supervivencia, irreflexivamente. Toda información dirigida, como si de un misil se tratara, hacia nuestro intelecto, se divide en:

A) un continente. De apariencia formal, atractivo, que lo haga pasar desapercibido, el continente debe adormilar los sentidos más críticos de la mente, para que no se le deniegue el acceso. Ejemplos perfectos de continente-evoltura perfecto es cualquiera de los documentales de Canal Historia sobre esoterismo. Discovery Channel tiene uno sobre extraterrestres y conspiraciones que es magistral a la hora de inocular en el espectador la conclusión intelectual y emocional opuesta a la que los entrevistados sugieren. Es decir, por obra y gracia del caudal de imágenes del documental, los testimonios de los entrevistados acaban neutralizados, quedando en el espectador la sensación de que sus experiencias son ridículas, propias de un desequilibrado.

B) un contenido. Puro veneno, aunque difícil de advertir por las mentes poco reflexivas. Es precisamente lo que hemos descrito arriba. El espectador, oyente, lector, cree que accede a una información, a un debate, a un documental serio, pero gracias a las técnicas apropiadas (a través del continente), la información, el debate, han sido descargados de su carga emocional positiva-evolutiva-instructiva, por lo que el receptor no será emocional/intelectualmente estimulado a decantarse por su evolución. Se le ha inoculado la basura informativa que lo mantiene o empuja a bajos niveles vibratorios.

Como decíamos, toda información dirigida -como un misil- hacia nuestro intelecto, va energéticamente cargada para producir un efecto paralizante, para detonar el temor en el receptor. Huelga decir que esa información, en tanto que basada en el miedo, es intrínsecamente involucionista.

*Política: Patriotismo, pomposa (y pueril) retórica política, monarquía, veneración al líder observado como un padre bondadoso e insustituible. Dirigentes que, en muchos casos, son criminales. En cuanto a la política, decir que –evidentemente- bebe de la religión cuando imita y adapta esta estructura y se empeña en imponerla. Más aún, la política al uso en democracia, con sus mítines, su imaginería, su afán de ganar apoyos por medio de la estética sugestiva, sus infantiles ataques al contrario, no es sino un burdo derivado de las artes que el sacerdocio ha usado desde hace miles de años. El 12 de septiembre de 2001, desde el Despacho Oval, George W. Bush comenzaba su ‘Guerra contra el Terrorismo’, a través de un discurso con una alusión religiosa de carácter bélico incluida: ‘Como dice el Salmo 23: Cuando camino por el valle de la sombra de la muerte, no temo mal alguno; porque Tú estás conmigo’. Se siente apadrinado por su dios. Sólo dos días después, en la Catedral Nacional de Washington, el presidente norteamericano insiste: ‘Debemos librar al mundo del Mal. (…) Como se nos ha asegurado, ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni los poderes, ni el presente ni el futuro, ni las alturas ni las profundidades podrán separarnos del amor de Dios. ¡Que Dios bendiga a América!’. Cuando Ahmedineyad, presidente de Irán, reta al mundo, conforta a los suyos en la espera de su propio mesías… Como lo fue antes, lo previsible será el enfrentamiento entre los cachorros de ambos dioses. Las falsas divinidades se resistirán a salir al ruedo; estarán en la mente de los combatientes. Ese es su espacio. Ni siquiera los líderes van a la guerra; tampoco sus hijos. A la guerra siempre fueron y siempre irán, los muertos de hambre, los adoctrinados en extremo, los agradecidos hijos de la patria. ¿No es, acaso, fe lo que mueve a los líderes a creerse respaldados cuando ponen al mundo frente al abismo? ¿No es la fe que en esos líderes tienen sus compatriotas y aliados, la que los hace sentirse más respaldados aún? La obediencia como sustituta del conocimiento es el factor estrella sobre el cual se levanta el analfabetismo espiritual. Una obediencia que no sólo se exige en el terreno religioso, también en el político: feroces dictaduras ateas de culto a la personalidad del divinizado líder, con sus coloristas desfiles y demás parafernalia para los sentidos. El sagrado texto religioso es sustituido por el sagrado manifiesto; el altar, por el selecto buró dirigente; Dios Padre, por el Padre de la patria, el salvador. Pero las víctimas propiciatorias siguen siendo las mismas: nosotros, el pueblo. La realidad más evidente, la que en primera instancia debiera preocuparnos, es que el mundo está en manos de una pandilla de psicópatas. Estos enfermos mentales que gobiernan países como si se tratase de ranchos particulares, toman decisiones en función de sus intereses, de sus prejuicios, de sus aspiraciones. Y cuando usamos el adjetivo posesivo sus, no me refiero sólo a los líderes que dan la cara, sino a todo el verdadero poder que se esconde tras ellos.

Hermanadas a la política y la economía está el terreno militar. Tal vez os sorprenda saber que no hay un tratado sobre el comercio de armas. Es grave, pero más lo es que ese mercado no se haya suprimido ya. Eso sí, las bocas de los dirigentes mundiales se llenan de elocuentes expresiones de paz, respeto, justicia, etc.

Mucho se puede especular sobre quiénes son los capataces y patrones físicos del orden establecido. Muchos dirían que más allá del poder económico en la sombra hay una estirpe de hombres y mujeres que son plenamente conscientes de su vínculo con ciertos seres transdimensionales. Sobre esa base, los hombres en el poder oculto son una manifestación física, una personificación, una consecuencia del origen que nos debiera preocupar. No luchamos contra ellos –simples privilegiados-, sino contra quienes manejan sus hilos y –a través de ellos- los de todos. El origen de la Realidad Evidente proviene de la Realidad Oculta:

2- La Realidad Oculta

Antes de hablar sobre las características que conforman la Realidad Oculta, debemos decir que –comúnmente- hay dos modos de enfocar lo que ocurre más allá de la materia, más allá del mundo físico.

A)   Están los que defienden que tras la cortina sólo está Dios Omnipotente.

B)    Luego tenemos a los no creyentes, que consideran que más allá de la cortina está la nada, y que no existe continuidad.

A decir verdad, hay una perspectiva que no es nada nueva (posiblemente casa con la visión que tenían los gnósticos) que es la que explica y complementa a la que aquí vamos a desarrollar. Esa perspectiva nos dice que, más allá de la cortina, hay una guerra, un conflicto milenario de la cual nuestra dimensión, nuestro mundo, es un espejo, un tablero de ajedrez a gran escala. Para comenzar la ilustración sobre este asunto empecemos con unas reveladoras palabras del libro La Rebelión de los Brujos:

‘Nuestra civilización, como toda civilización, es un complot. Numerosas divinidades minúsculas, cuyo poder sólo proviene de nuestro consentimiento en no discutirlas, desvían nuestra mirada del rostro fantástico de la realidad. El complot tiende a ocultarnos que hay otro mundo en el mundo en que vivimos, y otro hombre en el hombre que somos. Habría que romper el pacto, hacerse bárbaro. Y, ante todo, ser realista. Es decir, partir del principio de que la realidad es desconocida’. (L. Pauwels y J. Bergier)

La Realidad Oculta entraña el conocimiento de toda una serie de manifestaciones que van más allá de lo estrictamente humano: la incidencia de lo cósmico sobre esta dimensión. Esa incidencia se divide en dos: la participación del cosmos energético-evolucionario sobre nuestro mundo, y la injerencia de inteligencias involucionistas sobre la humanidad. Esa injerencia se concreta en términos de hostilidad no evidente.

La Realidad Oculta es el extremo-origen que da forma a la Realidad Evidente, el extremo-consecuencia.             Es el equilibrado estudio de ambas realidades, el que nos servirá para comprender el despertar de la Vida-Conciencia en nuestras vidas físicas.

Consiguientemente, se precisa voluntad para identificar las fuentes que influyen (condicionamiento)  sobre nuestra psique e inspiran la actitud frente a la vida que más conviene a esos supuestos seres hostiles. Y con ello, cerrar las vías (descondicionamiento) que provocan el acceso a nuestra vida de las fuerzas involutivas.

Cuando antes hablábamos sobre la necesidad de asumir que la realidad nos es desconocida, y que existían fenómenos que habían sido excluidos de la composición de la realidad, nos referíamos, precisamente, a esto, a no apartar del estudio intelectual los fenómenos que conforman la punta del iceberg de la Realidad Oculta. Los indicios y evidencias muestran a seres tecnológicamente más evolucionados que el humano, pero con una conducta que revela inmovilismo respecto a la evolución. Diríamos que sólo piensan en sí mismos, y observan la realidad sin objetividad, viendo sólo lo que desean ver. Podríamos decir que su naturaleza la conocemos a través de sus engañados, sus seguidores inconscientes, sus víctimas. Seres en servicio a sí mismos (SAS, como son definidos por los ya mencionados ‘casiopeos’), lo que se traduce en egoísmo humano. Resumiendo, podríamos identificar su naturaleza con la de nuestro cerebro reptil, aunque más sofisticado. La concepción que de la materia tenemos parte de ellos. Se trataría de una versión vulgar, perecedera, a la que –sin embargo- se le otorga un valor egocéntrico.

Pero no podemos hablar de la Realidad Oculta y, al mismo tiempo, caer en aquello que aquí tratamos de advertir. No podemos aplicar la visión simplista a un asunto tan complejo. Así que lo primero que hemos de decir es que la naturaleza de la Realidad Oculta es múltiple. Es más que posible que en este punto del cosmos, por razones que desconocemos, se concentran variados seres con muy distintos intereses. Sería un grandísimo error si nos aventurasemos a decir que todo lo que se nos muestra con sigilo es de un origen transdimensional. O que las motivaciones de todas esas criaturas son malévolas. Tengamos en consideración que también existen seres en servicio a otros (SAO, en el diccionario casiopeo), que también se relacionan con la humanidad.

Dicho esto, veamos qué sabemos –procedente del pasado y del presente- de esos seres que sí debieran preocuparnos, y que intervienen –hasta hoy- sobre el derivar de la humanidad. Tenemos indicios culturales del intervencionismo: Numerosas tradiciones, alrededor de todo el globo terrestre, nos hablan de intervencionismo cósmico. En Egipto vemos a la serpiente como un icono protector en las cabezas de los faraones. En la cultura maya tenemos a Qutzalcoatl. En Génesis es una serpiente quien provoca la caída en desgracia del ser humano. Y los conocemos a través de múltiples nombres: Imanujela (Los señores que han venido. Muy similar a Emmanuel, que en hebreo significa El señor –Dios- está con nosotros), Zuswazi (Etnia Bambara, oeste África), Imbulu (Sudáfrica), Chitauri (Lengua bantú, hemisferio sur africano. Los que dictan la ley. Dioses lagarto, forma cambiante), Arconte (gnosticismo cristiano), Ikuyas (Amazonía). Los Dogones (Mali) los consideraban dioses instructores bajados de Sirio, dioses vampiros.

En el contexto religioso, en la lejana Sumeria, enclavada en Mesopotamia, tenemos un ejemplo muy claro de contacto. El libro de Enoc, texto apócrifo judío anterior a la era cristiana, nos dice que unos entes sobrehumanos violaron ciertas leyes y se acostaron con humanas. La narración, en su capítulo sexto, cuenta cómo los hijos del cielo se decidieron a tener sexo con las mujeres, engendrándoles hijos, que serían llamados Anakim. Esos hijos del cielo también son nombrados como Los Vigilantes; de hecho, Shumer, nombre original de Sumeria, significa Tierra de Los Vigilantes. Aunque pudiera pensarse que se trata de una mención aislada sobre intervencionismo cósmico, en el bíblico libro Génesis (capítulo sexto), se describe el mismo acto, protagonizado por los hijos de dios, que engendraron hijos que se convirtieron en señores para una humanidad de vasallos. De la cultura sumeria partirán los mitos de la creación del mundo, las jerarquías celestiales, la Caída del hombre, y el Diluvio Universal, todos ellos recogidos en la Torah hebrea y en la posterior Biblia cristiana. En El Libro de Enoc se responsabiliza a cierto grupo de Vigilantes del fracaso de una misión cósmica de progreso. ¿Vigilaban estos el proceso de evolución del primitivo ser humano, creado por los Elohim? Lo cierto es que en Génesis los trasgresores son identificados como Elohim (dioses). Puede que dicho término englobe a ambas criaturas, las co-creadoras y las trasgresoras, aunque cada una de ellas pudiera ser de una escala evolutiva y naturaleza diferente. Enoc cuenta que la trasgresión de las serpientes-Vigilantes es de naturaleza sexual. La narración de dicha unión desigual (Vigilante-Humana) aparece en Génesis 6,1-4; en El Libro de Enoc encontraremos el mismo relato en 6,1-4. Entendemos, pues, que la manzana ofertada por la serpiente, la intervención de estos entes físicos sobre el proyecto de evolución de los Elohim, consistía en mantener relaciones sexuales desiguales. Esto viene confirmado por esta declaración: ‘Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal’ (Génesis 3,5).

En términos más humanos: ‘Eva, querida, si te acuestas conmigo compartirás la misma condición de dios que yo tengo, y la conciencia que aun tienen que aportarte los Elohim que te crearon, sobra’.

Shumer proviene de shum, también escrito shem, palabra que aparece unas ochocientas veces en el Antiguo Testamento y de la que deriva el término semita, que hace referencia a los diversos pueblos de Oriente que tienen las mismas raíces lingüísticas y culturales. Así que tenemos que para los sumerios unos seres cósmicos, los Vigilantes, tomaron para sí a mujeres humanas engendrándoles hijos que, ya en la cultura hebrea, serían llamados anakim. Estos anakim (vocablo muy similar a Caín) también suelen ser identificados con los nephilim (los caídos), seres bíblicos de considerable estatura, cómo no, también nacidos del cruce entre ángeles rebeldes y humanas.

Estos anakim-caín son quienes acabarían creando la piramidal estructura monárquico-religiosa que llega hasta nuestros días. Esas elites que han sobrevivido aludiendo a su entroncamiento con los dioses. La historia nos habla de unas civilizaciones terrestres que, si bien alcanzan un alto nivel técnico, mantienen hasta el presente un patrón insuperado: no se desarrolla en ellas una conciencia madura que libere al ser humano del atavismo y el orden piramidal.

Entre las motivaciones que habrían llevado a esos ‘diseñadores’ a crear una estructura (sostenida en dos pilares: tendencia al materialismo, y sustitución de la espiritualidad por el mito religioso) claramente opresiva, tenemos la razón alimenticia. Credo Mutwa, anciano Zulú que habla sobre la cultura de su pueblo, nos cuenta que unos seres lagartos (Chitauri) vinieron desde fuera de la tierra hace miles de años. Seres metamórficos (capacidad para cambiar su forma, su cuerpo, incluso a la apariencia humana) que se unieron sexualmente a las mujeres zulúes, creándose así la casta de los sacerdotes-jefe tribu. Estos seres, según Mutwa, están enfrentados al cosmos evolucionario, y se alimentan inhalando la energía generada por el miedo. Siempre trataron al humano como esclavo.

Los seres humanos manufacturamos productos cuyas materias primas otros animales comen directamente; así será comprensible que otros seres cuya forma de manifestación sea más sutil, se alimente de una manera diferente, más sofisticadas que las nuestras.

¿Sería posible que, a niveles imperceptibles para nuestro torpe entendimiento, la energía liberada violentamente en muertes a sangre fría, tuviese un gran valor para entes energéticos? El dolor que se vive en nuestro cerebro, ¿puede traducirse en algún tipo de energía mental provechosa para esos dioses? Según Mutwa, los grises (por él llamados mantindanes) son sirvientes de los chitauri. En este punto, coincide con los cassiopeos de Laura Knight-Jadczyk, quienes afirman que los grises son creaciones cibergenéticas de los reptiloides. Al respecto de los entes reptiles, la canalizadora tiene una opinión interesante: ‘Las lagartijas (del inglés Lizzies), es un término corto y coloquial para referirse a aquellos habitantes teóricos de las realidades hiperdimensionales, cuya “esencia” se “lee” como si fuera reptiliana. Muchos estudiantes en el tema de los ovnis/extraterrestres tienden a ver a la supuesta raza hiperdimensional reptiliana como seres físicos igual que los seres humanos, y no, tal como sugerimos nosotros, como criaturas hiperdimensionales con propiedades físicas variables (…) Muchos físicos sugieren que todo lo que existen son “formas de ondas”, que nosotros somos formas de onda de la realidad, y que nuestra consciencia “lee ondas”. Dicen que los seres humanos atribuimos una forma y estructura a las ondas que “leemos”, basados en un cierto tipo de convención de común acuerdo. Es así como algunos habitantes del espacio hiperdimensional son “leídos” en mayor o menor grado como “reptilianos”, porque esa es la “esencia” de su ser, la frecuencia de su “forma de onda” (La Onda – Tomo I, pág. 248-9).

En teoría, esos seres sobrehumanos nos dividen y empujan a enfrentarnos. Nosotros llamamos a ese esfuerzo ‘guerra’, y se trata de uno de los grandes negocios, si no el más floreciente. Su utilidad está fuera de toda duda, como herramienta para generar dinero, para menoscabar las fuerzas del rival (enfrentándole a un tercero), etc. Avivar oscuramente las diferencias entre vecinos, etnias, confesiones diferentes, ha sido uno de los macabros elementos más usados por el poder, hasta nuestros días. El país que hostiga se convierte en la mano en la penumbra, induciendo a un conflicto entre otros, siempre sin dejarse ver en la escena político-militar, pasando desapercibido. De ese modo tan siniestro se logra arruinar la economía de sociedades que podrían llegar a hacer sombra al poder omnívoro que esquilma los recursos ajenos. Un aspecto poco evidente respecto de las oportunidades que las guerras ofrecen -en esta ocasión, exclusivamente para los entes que están en el otro lado- es la capacidad demoledora de los conflictos armados sobre la cultura de una sociedad. Cuando un pueblo está ocupado en destruir al contrario, no sólo se producen muertes evitables, sino que se incuban odios que muy difícilmente podrán ser sanados sino con más sangre derramada. Entretanto, la sociedad en cuestión, como alimento de los dioses, se consume –generación tras generación- sin poder salir de la tediosa y destructiva espiral de asolar, construir, asolar.

Regresando a la hipótesis que nos habla del intervencionismo de entes que se ‘alimentan’ de las energías humanas, lo fácil para nosotros sería indicar que la motivación alimenticia de esos seres hacia nosotros, proviene de una mera cuestión de orden biológico, en el que el ganado come pasto, nosotros al ganado y, a su vez, otros nos comen como su ganado que somos. No se puede reducir todo a una mera cuestión de subsistencia cósmica, como si la realidad cósmica fuera un mar revuelto y caótico en el que el pez grande se come al pez chico. Esa sería una buena escapatoria que reduce notablemente el conflicto. Eso sería una limitación. Entendemos que debe existir alguna otra justificación, y alguna otra forma de justificar el que unos seres retrógrados nos mantengan bajo su control. Como cuerpos somos proclives a la ignorancia; como seres habitando cada vez más estos vehículos corpóreos, nos acercamos a casa, a nuestro hogar, a nuestro discernimiento original. Tal vez, sólo tal vez, todo este drama -que algunos llaman juego- lleve implícita una lección a aprender que olvidamos cuando elegimos tomar cuerpo y rendirnos a la ilusión de la materia y sus embriagadoras sensaciones.

Puede que luchar contra el Sistema de Control no sea sino una manera plástica de representar la lucha entre los seres (nosotros) que no debieron aprisionarse en un cuerpo de carne y sangre, y su monstruosa creación (el Sistema). Tal vez, si nosotros fuéramos (y actuáramos) como en origen fuimos, los llamados arcontes no estarían aprovechándose de nuestro libre albedrío. Porque mientras sigamos eligiendo ignorancia (y sus múltiples derivados) en vez de consciencia, nuestro silencio les otorga el derecho a meter mano en nuestras vidas. Quien calla, ya se sabe, otorga.

¿Podríamos estar hablando –retomemos las imágenes de peces que se comen unos a otros– de decisiones involucionistas que tomamos tiempo atrás y olvidamos, y nos hicieron perder el estatus e interrumpir el camino ascendente? Pareciera que, inconscientemente, estamos hablando de un proceso de recuperación, de restitución, de retomar un camino interrumpido voluntariamente eones atrás. ¿Podría ser que cuando hablamos de expandir la conciencia, nos estemos –inconscientemente- refiriendo a un número determinado de supuestas almas que sí tuvieron un rol determinante en la densificación de las almas y su atrape en la materia? ¿Puede eso explicar que hayamos elegido posiciones relativamente cómodas para desarrollar nuestra agenda? ¿Somos Ulises que eligen tomar cuerpo fuera de Ítaca para, realizando el esfuerzo propio de quien desea regresar al hogar, arrastrar con nosotros a todos aquellos que tenían menos responsabilidades y, consecuentemente, están en posiciones de clara desventaja? ¿Es la tripulación ‘decapitada’ que sigue al héroes, la personificación de todas las energías que conforman la estirpe de su ser?

No tenemos las respuestas a tantas preguntas, pero el solo hecho de plantear las cuestiones, estamos seguros, generará el caldo de cultivo apropiado para controvertir la realidad aparente y acercarnos a la conciencia.

Fuente: starviewer





La descripción del escenario (1)

19 09 2009

CONCIENCIA DE LA REALIDAD

Exelente articulo realizado por un ser humano BRILLANTE.

(1)     Realidad Evidente

(2)     Realidad Oculta

(3)     El Cosmos

La Realidad Evidente está construida sobre varios pilares –socialmente bien aceptados por consenso-, comenzando por la Santísima Trinidad: Religión, Comercio, Política…

En este artículo, aun a riesgo de las críticas, comenzaremos con la religión. Los otros terrenos sobre los que se construye la Realidad Evidente, así como la descripción de la Realidad Oculta y el Cosmos, serán objeto de artículos próximos.

*Religión: Tenemos una visión arcaica sobre nuestro creador, luego los vínculos que usamos para relacionarnos con ese creador serán igual de arcaicos. Creemos en un Dios externo al que temer, y escuchamos a sus representantes, doctores que actúan como intermediarios entre el creador y nosotros. La religión nos habla de la importancia de creer en Dios. La espiritualidad nos habla de ejercer como dioses. Se entiende, pues, que creer sirve como elemento neutralizador del ser, en tanto que la creencia implica una delegación de soberanía hacia un ente externo (y su representante) por nuestra parte. Creer conlleva obediencia y preguntas respondidas. Ejercer supone errar, crecer, dudar, ejercer como ente que busca –como prioridad- el restablecimiento del enlace que lo une a su realidad espiritual (que a su vez lo une a la Fuente-Dios). Creer es una cuestión de obediencia a lo establecido en el más allá, sobre los cimientos de las afirmaciones que otros hacen de esa realidad inmaterial. De ese modo, infantilizando ridículamente el vínculo de unidad entre el ser humano y la fuerza creadora, todo queda reducido a un mero asunto de ciega obediencia. Una obediencia contraria a la evolución, a la búsqueda de conocimiento. ¿Y la conciencia individual? Queda neutralizada, inutilizada, sustituida por la creencia ciega, su íntima enemiga.

En tanto que individuos sometidos a un dios externo, precisamos de realizar trueques con esa supuesta divinidad, a la que hemos de convencer para que cumpla con sus hijos. Realizamos peticiones de socorro a ese ente supremo ante las vicisitudes de la vida que, mayoritariamente, hemos elegido libre e ignorantemente. Le solicitamos que resuelva lo que no es –muchas veces- sino la consecuencia de una vivencia humana creada desde la más absoluta irresponsabilidad e inconsciencia. Por el contrario, el arquetipo del héroe (como figura del cuerpo que ejerce como templo de su ser) no cree en nada externo a sus propias capacidades redescubiertas (que emanan de su naturaleza divina), luego ejerce como el ente cósmico que es, y no como un mero cuerpo desligado de sus responsabilidades y naturaleza.

Y aquí viene la pregunta: ¿no será la fe –en lo externo- un artificio para que nuestras psiques se enfoquen en un interesado receptor de nuestra energía, no en quien nos la entregó como creador?

La religión ha sido formulada para inducir al hombre a buscar fuera lo que sólo se haya dentro. Religiosidad rupestre (relativo a las rocas, a Pedro), busca lo inerte en la mente del creyente. Y obstruye lo vivo, lo que pregunta una y otra vez, lo inconformista.

La religión es un estadio más en el que se expresa el ser humano, sin posibilidad de trastocar el ‘orden terrestre establecido’. Por el contrario, el ser en su templo-cuerpo, el hijo co-creador, asume su responsabilidad madura y, sin nada de lo que conforma la religión, reestructura su percepción de la realidad en base a su naturaleza espiritual redescubierta. Se convierte así en un bárbaro educado, en un disidente, en un insolente estorbo para el orden establecido, y para el dios que antes le daba respuestas a la medida de sus ‘divinas’ necesidades.

Por ello, se entiende el importante rol que juegan las religiones (intrínsecamente grupales y piramidales) en esta dimensión, donde rige un orden que precisa mantener –a toda costa- a los humanos dóciles, conformes, sin cuestionar la realidad. Consecuentemente, las religiones son enemigas de la evolución y libertad humanas. Lo cual no quiere decir que muchos religiosos -y todos los creyentes-, no merezcan nuestros respetos.

Indudablemente, la posición marginal a la que nuestra condición espiritual se ha visto relegada durante milenios, respecto de la materia, toma forma en la reducción religiosa. Se redujo a una pequeña parcela espacial/física (libro, misa, ritos, sacerdote, oración nocturna), excluyéndola de su verdadera expansión, que es la vida toda de un ser humano. A niveles de la psique inconsciente, en tanto que la religión no genera preguntas (sino que entrega respuestas definitivas), el material arquetípico permanece dormido, en desuso, en la mente no consciente, a donde van dirigidos los paquetes de desinformación cuyo contenido (de espiritualidad adulterada) se almacenan y neutralizan todo intento del ser por fluir al consciente y manifestarse.

En ese secuestro de la espiritualidad por parte de la religión también cuenta la imaginería: la percepción mental-visual de un dios hecho hombre (milagrero prodigioso, nacido virginalmente, con nombre y apellidos, fecha de nacimiento y nacionalidad) marca las distancias adecuadas que evitan toda posible afinidad con el arquetipo.

Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días, la imagen del Cristo ha sido moldeada esencialmente desde las colinas californianas: Hollywood ha creado la imagen del Cristo majestuoso de los últimos 112 años, desde que en 1897 apareciera por primera vez en escena. Desde entonces se han realizado 294 películas en las que el Cristo, mayoritariamente ha aparecido espléndido, impecable, ario. Y literal. La literalidad con la que los textos han sido llevados al cine (también debemos sumar a Moisés, Abraham, y otros personajes bíblicos) descarta cualquier posibilidad de que el espectador observe a Cristo más allá de la figura divina. Y se logra evitar, una vez más, la identificación de Cristo como arquetipo que representa a todos los seres.

En otro aspecto, el fetiche del crucificado en cada espacio que nos rodea sirve de advertencia a los dormidos niveles de nuestra mente: ‘Tú, disidente, mira lo que hemos hecho con este. ¿Quieres el mismo final?’.

En definitiva, tanto se ha llegado a prostituir el concepto ‘espiritualidad’ que es admitido de manera natural que los intermediarios religiosos sean aceptados como parte consustancial de la misma, cuando –en realidad- son un añadido artificial, un tremendo e involutivo postizo que sustituye la acción de nuestra conciencia. A lo sumo, la ausencia de aceptación hacia la casta sacerdotal viene motivada por el -cada vez mayor- conocimiento de un contradictorio (y escandaloso, en muchos casos) comportamiento de no pocos de esos miembros. Pero esto, desgraciadamente, no incluye un argumento que llegue a la raíz del fenómeno sacerdotal y denuncie su artificialidad.

También hemos aceptado que en los asuntos supuestamente espirituales exista una jerarquización ‘estilo imperio’, un funcionariado que pervierte la esencia espiritual.

¿No resulta un tanto sospechoso que los supuestos dioses del hombre hayan defendido siempre la institución de elites? ¿Por qué ese afán tan divino por separar al hombre en rangos, bendiciendo monarquías y castas sacerdotales, así como a unos pueblos sobre otros?

El cristianismo establece una serie de ritos, llamados sacramentos, que dice son instituidos por Jesucristo para la salvación del alma. Según la doctrina cristiana, los sacramentos son una elección de Dios para, por medio de ceremonias visibles y externas, otorgar gracias a los hombres. Dios podría hacer esa entrega por otros medios (directos e individuales), pero ha preferido hacerlo así, precisándose de un exclusivo maestro de ceremonias que conozca la liturgia. Como se puede observar, a ese dios le gusta complicar las cosas. En esencia, y a pesar de sus múltiples ropajes, todos los dioses son amantes de la burocracia, necesitados de funcionarios que creen dependencia al creyente; interesados, muy interesados en que éste observe el mundo a través de sus ojos.

Ciertamente, nuestro paradigma funciona a través de una completa liturgia, realizando acciones materiales que tienen sentido por ser la imagen de realidades espirituales, pero, ¿hasta que punto esas ceremonias son imprescindibles? ¿Es oportuno cuestionar la forma y el contenido de nuestra ceremonial forma de entender la vida? Creemos que sí. (En múltiples aspectos de la vida, el ser humano está encadenado a variadas ceremonias que juegan con las emociones, concentrándolas en un breve instante, que convierte en más importante el concepto ‘evento’ que el concepto ‘proceso’.)

Los creyentes se han quedado en la adoración, en la exposición pública de su devoción, en el fetiche, prefiriendo acercarse al padecimiento físico del Gólgota antes que emular el carácter perturbador del arquetipo crístico. Ellos (que merecen todos mis respetos) prefirieron la agradable adoración y despreciaron el esfuerzo que reside en formularse preguntas sin respuestas preconcebidas; unas preguntas que conducen a la turbación y el desconcierto, pero que dinamitan la dependencia a ideas ajenas que limitan el potencial del ser humano.

Lo llaman Hijo de Dios, marcando las distancias, y así se protegen de cometer la bendita herejía de tomar su ejemplo en serio, como agitador que se cabrea ante la espiritualidad secuestrada por los mercaderes religiosos.

En consecuencia, el ser humano confunde la religión (lo que siente ante las tradiciones, los ritos, las oraciones, el arte, los olores, etc) con la espiritualidad. Y eso no le permite avanzar en la consecución de su soberanía, que nos dice que debe actuar como un hijo co-creador, como una criatura evolucionada, como un Cristo. A este respecto de la vulgarización, el Evangelio de Felipe (logión 10) nos dice:

Los nombres que se dan a las cosas mundanas comportan una gran confusión. Pues sus corazones (sus mentes) son desviados de la realidad hacia la irrealidad. Y quien oye (la palabra) ‘Dios’ no piensa en la realidad, sino que es conducido a pensar en la irrealidad. Así también con (las palabras) ‘el Padre’ y ‘el Hijo’ y ‘la Sagrada Espíritu’ y ‘la vida’ y ‘la luz’ y ‘la resurrección’ y ‘la iglesia’, y todas las demás no suelen pensar en la realidad, sino que es conducido a pensar en la irrealidad, salvo que –previamente- se conozca la realidad.

(Este texto pertenece a la Biblioteca de Nag Hammadi, que –como ya hemos dicho con anterioridad- son un conjunto de papiros manuscritos en lengua copta -egipcio de los primeros siglos de cristiandad- hallados junto al río Nilo, Egipto, en 1945, pertenecientes a una agrupación cristiana del génesis de la iglesia, perseguida por la jerarquía. La mejor recopilación de textos de Nag Hammadi en la red se encuentra en las traducciones realizadas por The Ecumenical Coptic Proyect -Athens- en la página http://www.metalorg.org)

Sigamos hablando de manipulación religiosa y, consecuentemente, estaremos aclarando aquello que no lo es, que es el camino, el sendero (como quiera ser llamado), que no puede ser definido, sino experimentado individualmente. Sigamos hablando de aquello que imita al sendero, pero cuyo contenido, cuya naturaleza, es intrínsecamente opuesta a lo que el sendero espiritual sería. La máxima de todo camino espiritual (que nada tiene que ver con la falsa paz complaciente) es su experimentación individualidad y, en ella, la soberanía del ser sobre el cuerpo y sus espejismos.

Aquellos individuos que no están fuertemente ligados a la religión y experimentan una espiritualidad por medios alternativos, habitualmente se estancan en seguir manteniendo la dimensión espiritual como un accesorio que se añade a sus inmutables vidas. Veamos un ejemplo que hemos puesto en un artículo anterior:

A)    Accesorio: Un niño que juega al fútbol no asimila el perder, o siente demasiada responsabilidad cuando –aun habiendo dado lo mejor de sí- su equipo es derrotado. La terapia aplicada es enseñarle a reconocer que su esfuerzo no es en vano aunque el resultado sea una derrota.

B)     Espiritualidad real: enseñar al niño que la competición, la rivalidad a la que lo empuja el medio ambiente, es innecesaria. El concepto ‘rivalidad’ es socialmente aceptado por su asociación con los términos ’superación’, ‘inconformismo’.

Estos dos paradigmas definen esquemas bien diferenciados. El primero es un sucedáneo de espiritualidad que no ahonda en lo culturalmente establecido y, simplemente, busca sanar una de las consecuencias de un proceso que no se pretende modificar, la competitividad en sí misma. El segundo escarba a niveles más profundos, hasta hallar las bases de la conciencia: Si despojamos a la rivalidad, de la aureola (otorgada por la aceptación social mayoritaria) que le hace mostrarse como un elemento inocuo (que no hace daño), comenzaremos a observar, no sólo que carece de elementos que realmente lo vinculen con la superación personal (que se adquiere sin necesidad de un estímulo competitivo), sino que esa misma competitividad es un factor constante en el paradigma masculino global, en el que la rivalidad se expresa en un amplísimo marco, cuyas justificaciones no dejan de sonar a inmaduros argumentos infantiles.

El triple Dios Único de judíos, cristianos y musulmanes: ¿Acaso desconocía la deidad de la Torah, la Biblia y el Corán, que sus lectores empuñarían la espada contra los no creyentes, o es que estamos ante un dios liante que extrae algún beneficio con los ánimos encendidos y la sangre derramada? ¿Desconocía que –sobre la base religiosa- el varón aplastaría a la mujer hasta la actualidad, negándole los derechos de que goza él? De otro modo no se entiende que un supuesto Dios Único no haya elegido a una sola mujer para ser su portavoz oficial en 4000 años, desde que Abraham salió de su mesopotámica casa natal. ¡Paridad de géneros, señor Dios Único!

Llama la atención la diferencia entre el concepto de Dios que defendía el judaísmo del Antiguo Testamento, y el que muestra el Cristo de los evangelios canónicos y apócrifos. Cristo, frente al rígido conservadurismo del judaísmo de su tiempo, no sólo lo humaniza llamándolo Padre, sino que, además, su prisma sobre la divinidad incluye notorios rasgos que se dirían pertenecientes al arquetipo de la Madre Diosa. Su flexible interpretación de la Torah cabreaba (para que luego, algún lector diga que un líder espiritual no se enfrenta a la religión imperante) a los rígidos e hipócritas sacerdotes y fieles. Esa elasticidad toma forma en la expresión que Jesús repite del profeta Oseas (‘Misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos’, Oseas 6,6 y Mateo 12,7), así como en su intercesión por una mujer que iba a ser lapidada (Juan 8,7).

Los evangelios apócrifos están trufados de alusiones a la divinidad femenina, especialmente los Evangelio de Felipe y Evangelio de Tomás, ambos pertenecientes a la Biblioteca de Nag Hammadi.

Cómo será la degradación a la que ha sido sometida la mujer, que nada es más humillante para un varón que creer que otros puedan calificar como femenino alguno de sus modales o formas. La anulación de la feminidad comienza desde el núcleo familiar (masculinamente tutelado), cuando la politización de roles diferencia de forma artificial a los niños de las niñas.

¿Para cuándo una nueva revelación divina a la humanidad que restablezca a la mujer a una posición igual de digna que la que ha gozado el varón? (Perdón por la ironía.)

Porque seamos sensatos y denunciemos que la idiosincrasia femenina, bajo indecente auspicio ‘divino’, ha sido considerada indigna y ha estado subordinada a la masculina.

De no haber sido voluntad celestial que los líderes (siempre varones, claro) y adeptos religiosos considerasen a la mujer como una costilla de sus compañeros, bien merecería que el dios de Abraham, Isaac, Jacob e Ismael, se pronunciase –tan pronto como sus asuntos cósmicos se lo permitieran- para rectificar semejante error de interpretación. (Nuevas disculpas por este sarcástico comportamiento…) Dios que calla ante una teología que lo hace menos progresista que las sufragistas, dios que otorga.

¿Qué se contiene en el desarrollo de la condición femenina, que los ‘dioses’ consideraron oportuno arrinconarla y neutralizarla, ensalzando la virilidad? ¿Fortuito menosprecio por su parte, o justificado temor a que la eclosión femenina llevase consigo el desaire a unos dioses, a todas luces, falsos e innecesarios? No nos cabe la menor duda de que el potencial latente en la feminidad inexplorada, libre de toda tutela masculina, posee las aptitudes suficientes como para mandar al cuerno a los dioses que la ningunearon. Más aun: la expresión y exteriorización del singular carácter femenino (y posterior introducción de los varones a él) son pilares vitales e imprescindibles para una humanidad reestructurada.

En términos globales, esa preeminencia de lo masculino se define a sí misma en términos de cólera, autoritarismo, e inclinación hacia el uso –exaltado- de un hemisferio cerebral de índole racional, cuyo femenino contrapeso (en lo emocional e intuitivo del otro hemisferio) está secuestrado en la parcela religiosa que lo ha amordazado con prejuicios de supuesto origen divino. Rota la dualidad complementaria de géneros (y hemisferios), los dioses señorean -hasta hoy- el cortijo planetario a sus anchas…

Curiosamente, en contra de lo que muchos creen, nuestras sociedades tienen un enorme componente de fe ejercida, no sólo en el ámbito religioso (y su cultura residual) sino en la fe depositada en la ciencia, en la política, en lo económico, etc. Lamentablemente, somos mitómanos patológicos, aunque podemos dejar de serlo.

La fe ciega, la confianza extrema, la creencia en los mitos (culturalmente aceptados) son un claro ejemplo de nuestro analfabetismo espiritual. Esa confianza ciega toma forma en el ámbito cotidiano, de la mano de la pereza, en la veneración que el ser humano expresa hacia los títulos, lo oficial, lo generalmente aceptado, los cargos, lo oficial, lo masivo.

Regresando al terreno religioso, el propósito esencial de la misma es que el hombre no se sienta estimulado a buscar lo esencial en sí mismo. Así, se entenderá que la razón esencial del mito religioso no es proporcionar respuestas convincentes al ser humano, sino alejarlo de su ser interior (sin rituales, ni pastores, dogmas, templos de piedra, héroes mitológicos). Se busca el adoctrinamiento masivo, con sus prejuicios a cuesta, promoviendo –con obediencia- la glorificación de un dios externo al que hay que calmar y complacer. Si lo que sucede diariamente puede ser pervertido a conveniencia del poder inmediato, se entenderá que el mito religioso yace cómodamente en el olimpo de lo intocable, el espacio reservado para lo sacrosanto. Y lo sacrosanto es considerado así cuando no es la creencia de uno o dos individuos, sino de millones, aunque sea superchería. No es sagrado lo que nació ayer, sino lo que resiste al paso del tiempo, así sea fruto de la ignorancia y la imposición.’

Entenderá el lector que, si el camino espiritual no puede ser descrito, sino que ha de ser experimentado individualmente, desde Starviewer, a pesar de las consideraciones en contra que podamos recibir, tratamos de aclarar qué NO es el camino, qué ES aquello lo imita groseramente. Ese aporte debiera ser suficiente para estimular la búsqueda del sendero interior que, en efecto, es responsabilidad de cada uno.

Fuente: starviewer